20 países africanos se unen para defender la familia y rechazar el aborto y la ideología LGBT

Representantes de países africanos han respaldado una carta que busca fortalecer la soberanía de las naciones frente a presiones externas en asuntos relacionados con la familia, el aborto, el matrimonio, la educación y las políticas de género.

La iniciativa fue impulsada durante la Cuarta Conferencia Interparlamentaria Africana sobre Familia, Soberanía y Valores, realizada en Accra, Ghana. El encuentro reunió a parlamentarios, líderes políticos, representantes religiosos, autoridades tradicionales y organizaciones civiles. Según el Parlamento de Ghana, uno de sus principales resultados fue la adopción de la Declaración de Accra y el avance de la Carta Africana sobre Familia, Soberanía y Valores.

El documento sostiene que cada nación africana debe conservar la autoridad para determinar sus leyes y políticas sin que la ayuda internacional, los acuerdos diplomáticos o las condiciones impuestas desde el extranjero sean utilizados para modificar sus principios culturales y familiares. Los participantes afirmaron que la soberanía y los valores del continente no deberían ser negociados a cambio de asistencia económica.

Entre sus principios centrales, la carta define a la familia sobre la base del matrimonio entre un hombre y una mujer y establece que el concepto de género debe referirse al sexo masculino y femenino. También plantea revisar acuerdos y políticas que, según sus promotores, debiliten la familia, los derechos de los padres o los valores religiosos y culturales africanos.

El texto aborda directamente el aborto. En su artículo 7 declara que no existe un derecho internacional al aborto y sostiene que los Estados africanos deben conservar soberanía para determinar sus propias políticas en esta materia. Además, propone rechazar acuerdos que utilicen conceptos de salud sexual y reproductiva para imponer obligaciones que contradigan las leyes o valores nacionales.

La carta también rechaza la legalización de la prostitución, políticas relacionadas con la identidad de género que contradigan la distinción entre hombre y mujer y determinados programas de educación sexual dirigidos a menores. A la vez, insiste en que los padres deben tener una participación prioritaria en decisiones relacionadas con la educación, formación moral y atención médica de sus hijos.

John Deighan, director ejecutivo de la Society for the Protection of Unborn Children (SPUC), celebró el avance de la iniciativa y acusó a países occidentales de intentar exportar determinadas políticas sociales hacia naciones en desarrollo. Para Deighan, el desarrollo de África no debe ser vinculado con la liberalización del aborto ni con el debilitamiento de la estructura familiar tradicional.

La propuesta no se limita a cuestiones morales. También plantea que los países africanos aumenten el control sobre sus recursos naturales, protejan semillas autóctonas y sistemas agrícolas gestionados por agricultores, reduzcan la dependencia de exportaciones de materias primas sin procesar y eliminen obstáculos al comercio entre naciones africanas.

Sin embargo, no todos los participantes apoyaron el documento. Sudáfrica y Mozambique decidieron no adherirse. La delegación sudafricana señaló que algunas disposiciones chocaban con su Constitución y su sistema de derechos, que incluye el reconocimiento legal del matrimonio entre personas del mismo sexo.

El respaldo alcanzado en Accra no significa que todas sus disposiciones hayan entrado automáticamente en vigor como leyes nacionales. El propio Parlamento de Ghana señaló que el siguiente paso consiste en que los parlamentos participantes lleven las resoluciones a sus respectivos países y las traduzcan en legislación, presupuestos y políticas concretas.

La decisión de numerosos legisladores africanos de defender la vida, el matrimonio entre hombre y mujer, la autoridad de los padres y la libertad de sus naciones para preservar sus convicciones plantea un principio que para los cristianos va más allá de las fronteras políticas: los valores establecidos por Dios no deberían modificarse simplemente porque una corriente cultural tenga mayor poder económico o internacional.

La Biblia llama al creyente a no permitir que la presión de una época determine aquello que considera verdadero: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” (Romanos 12:2). Asimismo, desde Génesis, las Escrituras presentan el matrimonio como la unión del hombre y la mujer: “Dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer” (Génesis 2:24).

Esta discusión también recuerda la necesidad de permanecer firme en la verdad bíblica sin depender de cuál cultura, gobierno u organismo internacional marque las tendencias del momento. Los sistemas humanos cambian, pero la Palabra de Dios permanece como referencia para quienes han decidido vivir conforme a sus principios.

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